Autónomo o sociedad para vender por internet

Cuando dejé el banco en 2021 para montar mi tienda de accesorios de ciclismo, mi gestora me preguntó lo primero de todo: ¿autónomo o sociedad? Yo venía de analizar expedientes de crédito de pymes, así que entendía la teoría, pero decidir sobre mi propio negocio fue distinto. Elegí empezar como autónomo, y cuento aquí por qué, con los números que manejé entonces.

Por qué empecé como autónomo

El trámite fue rápido: alta en Hacienda con el modelo 036 y alta en el RETA, gestionado todo por mi gestora en menos de una semana, sin aportar capital inicial. Con la tarifa plana para nuevos autónomos, mi cuota los primeros meses fue mucho más baja que lo que habría pagado gestionando una sociedad desde el primer día. En mi primer año, con una facturación todavía modesta, esa diferencia de coste fijo fue importante mientras validaba si el negocio funcionaba de verdad.

Lo que no me gustó de ser autónomo

La responsabilidad ilimitada me preocupó más de lo que esperaba la primera vez que negocié un pedido grande de stock con un proveedor: si algo salía mal, respondía con mi patrimonio personal, no solo con el del negocio. Y desde que la cuota de autónomos pasó a calcularse por tramos de rendimientos netos reales, cada vez que mi beneficio sube, sube también la cuota, algo que superviso cada trimestre con mi gestora.

Cuándo me planteé pasar a sociedad limitada

A finales de mi segundo año, con la facturación ya más estable, hice números con mi gestora sobre dar el salto a una SL. El Impuesto de Sociedades tiene un tipo fijo, que en mi caso habría salido más bajo que los tramos altos de IRPF a los que empezaba a acercarme. Pero el coste y el tiempo de constitución, más la contabilidad por partida doble obligatoria, hicieron que de momento no compensara: mi beneficio aún no era lo bastante alto y estable como para justificar ese salto. Lo tengo revisado cada año, no es una decisión cerrada para siempre.

Lo que aprendí sobre cuándo conviene cada opción

  • Empezar como autónomo me sirvió para validar la idea con el coste fijo más bajo posible, mientras comprobaba si el negocio tenía recorrido real.
  • Dar el salto a SL tiene sentido, según lo que he visto en otros negocios parecidos al mío, cuando el beneficio anual ya es alto y estable, cuando el riesgo del negocio es importante (deudas con proveedores, stock elevado) y quieres separarlo de tu patrimonio, o cuando vas a incorporar un socio.

Es habitual, y es lo que yo mismo estoy valorando, empezar como autónomo y constituir la sociedad más adelante, traspasando la actividad cuando el volumen ya lo justifica.

Lo fiscal que reviso cada trimestre

  • IVA: lo repercuto en cada venta y lo presento trimestralmente. Desde que empecé a vender también a otros países de la UE, mi gestora me explicó las reglas del régimen OSS a partir de ciertos umbrales de facturación, algo que no tenía ni idea que existía cuando trabajaba en banca.
  • Facturación: cada pedido queda documentado con una factura que cumple los requisitos fiscales; lo llevo con un programa de facturación conectado a mi tienda.
  • Comisiones de plataformas: son gasto deducible, pero las registro con cuidado porque Hacienda las revisa si hay muchas variaciones de un trimestre a otro.

Mi recomendación, con los pies en el suelo

Antes de decidir, siéntate con una gestoría y lleva una previsión realista de ingresos y gastos del primer año; eso fue lo que más me ayudó a mí a no decidir por intuición. La elección entre autónomo y sociedad depende de tus números concretos, de tu nivel de riesgo y de si vas a tener socios, algo que solo tú y un profesional que conozca tu caso podéis valorar con precisión. Este artículo cuenta mi experiencia, no sustituye ese asesoramiento.